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Lecturas y poesía

Día del Padre I: Homenaje a mi abuelo Ernesto Galeano

Transcribí de un cuaderno Billiken cuadriculado y tapa dura con la letra de mi abuelo Ernesto Galeano, un relato que le había pedido y que me llegó de las manos de mi abuela Ignacia Capellutti (Titina) inconcluso:

En el año 41, más o menos, empecé a trabajar. Después de ir a otros trabajos fui a una fábrica metalúrgica, en la cual después de un tiempo por allí, empezó, como se dice, un principio de noviazgo de mi parte. Yo en ese momento, como no tenía ningún problema sobre si trabajar o no, ya que lo que mi padre me decía o me aconsejaba era “no te dejes atropellar en el trabajo porque acá en casa nunca te va a faltar casa y apoyo”. Porque yo en mis tiempos, trabaje y estudie en la escuela Sudamericana, me recibí como Ajustador Mecánico. Mi padre le hacía el ajuste al motor del corredor en ese momento de Ernesto Blanco, uno de los mejores corredores de Turismo Carretera de esos tiempos.

Bueno, tengo otras cosas más que contar. Con respecto a mi padre, él me dijo “mirá hijo con relación al trabajo…”, él no quería que yo trabajara, pero yo ya tenía 16 años y no podía seguir así, quería trabajar. Así fue que conocí a la que hoy es mi esposa y que tuve que luchar. En el trabajo, donde trabajábamos juntos, tuve muchos problemas con el capataz. Al cual, a lo último, lo domine porque lo paré en seco, a él y al patrón. Porque estaban acostumbrados a llevarse a la gente por delante y yo lo denuncie en el Ministerio de Trabajo porque no podía aguantar ese atropello. Me mandaron en las horas de trabajo un inspector y lo peor que pudieron hacer es burlarse de mí, tanto patrón como inspector. Y lo […] de vuelta por la fábrica, porque lo amenace que era la última denuncia que hacía y que lo haría hasta las últimas consecuencias. Así fue que a esa fábrica la puse con las patas para arriba, ya que tuvo que abrir por lo menos doce ventanas, hacer un vestuario para damas y caballeros, que los menores de edad trabajen seis horas, la leche por insalubre y que pague las horas extras y lo atrasado. Eso me costó que el mismo patrón me siguiera cuando yo iba al baño, a ver el tiempo que estaba en ese lugar y así yo no afloje en ninguno de los trabajos donde estuve, desde balancinero, lavador y engrasador, en todos lados trabajé y en todos lados les pedía que paguen lo que me correspondía y si no me iba y los puteaba. Sea quien sea. Y eso lo hacía porque a mí padre que era el que me bancaba, de acuerdo a lo que le había pasado en su tiempo, por ser bueno como era mi padre. Por eso un (compañero) de él, le enseño como debía hacer ciertas cosas y después lo traicionó y se acomodó en el lugar que era de mi padre. Esto pasó en Comodoro Rivadavia, Chubut.

A partir de allí, mi padre me aconsejó que “no te dejes pisotear por nadie, cuando tenés que decir algo justo, hacelo” y yo lo hice y también a más de un capataz o patrón lo mande a “la puta que lo parió”, dicho en la cara. Bueno, a mí me catalogaron en ese momento como anarquista.

Bueno, tengo que hacer el servicio militar, en ese momento tuve congestión pulmonar. Con los certificados del médico en el distrito 15, me dieron un justificativo de dos a cinco días para presentarme a revisación médica en el Regimiento 1 Patricios. Allí me tuvo que acompañar mi padre porque yo no tenía fuerzas para moverme y en ese entonces estamos en febrero. Yo estaba vestido de invierno y era lo contrario, muerto de frío. Me hicieron dos radiografías y al final en la libreta me pusieron apto para todo servicio. Entonces me toco Granaderos a Caballo San Martín. Estuve catorce meses y medio. También dentro de todo me vino bien porque allí me colocaron las cuatro inyecciones con las peores enfermedades y así estoy bien, gracias a Dios.

Bueno, estando en Granaderos hice las mil y una. Tuve parte de enfermo, privación de salidas, arresto y calabozo. Fui el que abrió el portón que da a Luis Maria Campos para que entraran las manifestaciones para pedir por Perón que estaba en el Hospital Militar. También digo que en el Regimiento el Jefe Coronel Juan Francisco Castro era un militar cien por ciento. Yo guardia que había en Casa de Gobierno quería estar. Cuando los comunistas quisieron entrar en Casa de Gobierno yo estuve en la represión. Allí en Casa de Gobierno, un día vino Perón que era Vicepresidente y Ministro de Trabajo y Previsión, me tocó el hombro y me saludó y me preguntó si me gustaba donde estaba y le dije, si mi Coronel.

En el año 45 pasaron todas las cosas lindas. El pueblo entero liberó a Perón. Hubo manifestaciones jamás vistas en ninguna parte del planeta. Se liberó al Coronel Perón, que fue Vicepresidente- Ministro de Trabajo y Previsión y líder del partido peronista antes partido laborista, liderado por Cipriano Reyes.

Y así las cosas, Perón hizo su primera Presidencia después de una elección espectacular y así llego a la segunda presidencia, siempre acompañado por su esposar e inseparable compañera Maria Eva Duarte. Así las cosas, empezaban a verse algunas cosas raras. Vino la muerte de Eva Perón (Evita) y a partir de allí se empezaron a descomponer las cosas. Ya estábamos en el 55, Perón estaba en […], estudiantes secundarios […], andaba con su famosa motoneta y su famosa gorrita con visera (quepi). Y vino la Revolución Libertadora que lo derrocó, no obstante fuertes enfrentamientos con el pueblo que no lo abandonó porque había dignificado al trabajador y con Evita la mujer que le dio poder votar a las mujeres. Nunca los trabajadores estuvimos mejor que en sus mandatos.

[Fin de la hoja suelta] Salgo del servicio militar y entro en Gas del Estado. Trabajé bien, me pusieron de chofer. Después de haber luchado para eso en el 48 nos casamos.

En el 55, cuando vino la Revolución, era un desastre. Dos curas se agarraron, Perón, el monseñor Tato y otro monseñor que no me acuerdo. Los peronistas le quemaron la Iglesia Santo Domingo y empezó la persecución a los católicos y así no se podía andar. Se levantaron los milicos y el presidente fue el General Leonardi que cuando asumió dijo que no había ni vencedores ni vencidos y así fue que un día apareció con un tiro en la columna vertebral. Lo operaron en Brasil, después de unos días falleció. Los que tramaron eso de sacarlo de adelante, fueron el General Aramburu y el Almirante Isaac Rojas para conservar la Revolución Libertadora. El pueblo volvió a salir a las calles y empezó a la mañana y eso que estaba nublado y había niebla, empezó un bombardeo a la Casa de Gobierno y la Plaza de Mayo. Hubo muchos muertos en los trolebuses y tranvías que andaban en esos momentos. Rojas amenazó con cañonear la Capital si no entregaban el poder. Así hubo una matanza bárbara y si Perón hubiera querido que haya mucho derramamiento de sangre la revolución la ganaba. Se fue al Paraguay en una cañonera y allí lo esperaba su amigo el Presidente de Paraguay General Stroessner.

A partir de estos momentos, empezaron los malos tiempos para nosotros. En Córdoba me fusilan a mi padre por ser peronista. Por una denuncia que tenía un arsenal de la CGT. Al tiempo nos enteramos que el denunciante fue un vecino radical envidioso. Nosotros, yo y mis hermanos, le girábamos dinero todos los meses para que lo pasara bien, tanto él como nuestra madre. Mi padre estaba jubilado por YPF. El no militaba en el partido. A todo esto, todos los días iba a la fábrica de aviones y traía un tractor Pampa. Con eso hizo una plaza y alcanzó a hacer el mástil y allí quedo. Ahora hay una Iglesia.

Cuando nosotros nos tuvimos que movilizar de acá, Buenos Aires, gracias a mi jefe, que yo en ese momento estaba como sub-delegado. Me dio pasaje oficial para ir por ferrocarril [y] a mi hermano que trabajaba en YPF y fuimos con pasaje condicional hasta Rosario. A todo esto, nos hacían bajar a cada rato del micro que iba a Córdoba. Nos bajaban poniendo y empujando con el caño de la ametralladora PAN en las costillas y nos daban patadas en las piernas y tobillos. Y así soportando a todos esos revolucionarios que estaban borrachos y dopados, asi vimos, cuando nos bajaban del micro que los nidos de ametralladoras del otro lado de los bordes, había cualquier cantidad de botellas de wiski, cognac, sidra, champagne y demás.

Así llegamos a Córdoba y después vino el drama nuestro. Porque a nosotros mi tío nos dijo que mi padre se había descompuesto. Ese fue el motivo por el que fuimos, más sabiendo que mi padre tenía la aorta dilatada. Bueno, después de tantos sobresaltos y peligros pasados hasta llegar a la casa de nuestros padres y ver aviones con la V de la Victoria y la cruz parecía como una burla. El tráfico lo dirigían con la PAN en la mano y borrachos y drogados con la V y la cruz.

Así llegamos a la casa de los viejos y allí fue el desencanto mayúsculo de horror y tristeza. Ver las persianas de las ventanas ametralladas y colgadas desechas. Las puertas ametralladas a la altura de las cerraduras y eso que estaban construidas de roble de unos cuatro o cinco centímetros de espesor. Y destruyeron todo. Eso lo hicieron sesenta soldados de aeronáutica que arrojaron por la ventilación del baño bomba de gases lacrimógenos en cantidad, algunos sin explotar. Ametrallaron toda la casa.

Mi madre que era petisa se refugió en el placard. Allí las ropas que estaban colgadas estaban ametralladas a la altura de los bolsillos. A todos esto, yo conté 250 cápsulas servidas y gracias a Dios, mi madre pudo salvarse gracias a mi padre.

Vinieron directamente a matarlo. Al final del arsenal, lo único que encontraron fue un 38 corto que mi padre había comprado cuando trabajaba en YPF Dock Sud como encargado en la planta. Y el trayecto que lo hacía a pie desde Mitre y Ortiz hasta la planta que en el trayecto había cirujas y demás. Esa arma la tuvo que comprar de su bolsillo.

Así las cosas a mi padre, gracias a Dios, y a mis tíos que vivían en Córdoba, por mi tío Blaz y otra tía Luisa que vivía justo al lado de la casa de Comodoro Crauser, lo salvo de que fuera a la pila en las laderas del Cerro Malagueño. Allí apilaban de 5.000 a 10.000 personas, las rociaban con nafta y las prendían fuego. Luego iban los bomberos como si fuera un incendio para simular todo. Y así dentro de todo y al Comodoro Crauser que se vistió con el uniforme y fueron con mi tío a la morgue de la Escuela de Aeronáutica y allí reconoció los restos de mi padre al que lo velamos en un cajón cerrado. Al que no se se si estaba allí adentro o no porque no vi nada.

Al velatorio fueron pocas personas por miedo a comprometerse por ser peronistas. Así las cosas, yo tuve que conseguir el pase de mi hermano Miguel hacia Córdoba por mi madre. Ya que era el único que estaba en condiciones de ir con mi madre. Era él soltero en ese momento y así no le querían dar el pase. Siempre viendo a uno u otro, por política no podíamos tener el pase de mi hermano.

Yo y mi otro hermano, Domingo, estábamos casados y no podíamos ir a Córdoba. Así que un día, un jefe de confianza me dijo Galeano, usted lo que tendría que hacer para conseguir el pase de su hermano es hablar con el ingeniero Nousan, al cual yo lo iba a buscar a su domicilio en Caballito y lo llevaba de vuelta. En esos momentos, estaba como chofer de él y él como jefe de departamento que tenía a su mando 850 personas. El dato que me dieron era que el ingeniero Nousan era un amigo íntimo del Director General de Gas del Estado y era el el único que podía hacer algo por el pase.

Y así fue que un día de esos que lo tenía que ir a buscar a Caballito y traerlo hasta Montes de Oca 1120, Capital y siendo a la tarde lo puse a prueba y le pedí a ver si me podía dar una mano para conseguir el pase de mi hermano. Yo le dije, ingeniero el único que me puede hacer algo es usted y me dijo esa tarde, yo no le prometo nada, voy a tratar de hacer algo. Así fue que al otro día a mí me andaban buscando por todos lados. Por la mañana estaba trabajando con el gerente. Cuando llegue al sector me preguntaron donde lo podía encontrar a mi hermano. El estaba en otro sector, Lomas de Zamora, donde el jefe no le quería dar el pase, pero cuando recibió el llamado del Director General, ese mismo día podía trasladarse a Córdoba. Que lo hizo al otro día y bien ubicado, fue mecánico de cocinas y calefones, un buen sueldo, pero el único problema que hubo fue que mi hermano no sabía andar en bicicleta ni manejar, así que tuve que hablar con el ingeniero y lo pusieron en ordenanza que cambio con un compañero al que le vino de regalo el nuevo puesto y así siguió hasta jubilarse y quedarse en Córdoba con mi madre.

Cada vez que lo leo como mi abuelo me contó sus vivencias, me emociono. Si te gusto, dejame algún comentario o compartilo.

Gracias.

— Roberto Reale

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