Día del Padre II: A mi padre en su día de don Albor Albert

Este es un poema que me regalo don Albor Albert (tío abuelo) una vez que visitamos su casa con mi padre:

Yo tengo en mi hogar un soberano
único a quien venera el alma mía:
es su corona de cabellos canos,
la honra es su ley y la virtud su Guía,

En lentas horas de miserias y duelo,
lleno de firme y varonil constancias.
Guarda la fe que me habló del cielo
en la primera hora de mi infancia.

La amarga proscripción y la tristeza
en su alma abrieron incalculable herida:
Es un anciano, y lleva en su cabeza
el polvo del camino de la vida.

Vé del mundo de las fieras tempestades
de la suerte en las horas desgraciadas
y pasa como Cristo el Tiberiades
de pie sobre las ondas encrespadas.

Seca su llanto, calla sus dolores,
y solo en el deber fija sus ojos,
recoge espinas y derrama flores,
sobre la senda que les trazó a sus hijos.

Me ha dicho quién es bueno la amargura
jamas en llanto sus mejillas moja,
en el mundo la flor de la ventura
al más ligero soplo se deshoja.

Haz el bien, sin temer al sacrificio:
el hombre ha de luchar sereno y fuerte,
y halla quien odia la maldad y vicio
un tálamo de rosas en la muerte.

Si eres pobre, confórmate y se bueno;
si eres rico, protege al desgraciado,
y lo mismo en tu hogar como el ajeno
guarda tu honor para vivir honrado.

Ama, la Libertad, libre es el hombre
y su juez más severo, la conciencia.
tanto de tu honor guarda tu nombre,
pues, mi nombre y mi honor, forma tu Herencia.

Este código augusto en mi alma pudo,
desde que lo escuche, quedar grabado;
en todas las tomentas fue mi escudo,
de todas las borrascas me ha salvado.

Mi padre tiene en su mirar sereno.
reflejos fiel de conciencia honrada,
cuantos consejos cariñosos y buenos,
sorprenden en el fulgor de sus miradas.

La nobleza de su alma, es u nobleza:
la forma, su gloria, y el deber,
es pobre, pero forma su pobreza
la página más hermosa de la historia.

Siendo el culto de su alma su cariño,
la suerte quiso que al honrar su nombre
fuere el amor que me inspiró de niño
la más sagrada inspiración del Hombre.

Quisiera el cielo que el canto que me inspira
siempre sus ojos con amor me vean,
y de todos os versos de mi lira
éstos dignos de su nombre sean.

Del Archivo General de don Albor ALBERT.
En el día del Padre.

Espero que te haya gustado.

— Roberto Reale

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